Somos nuestra memoria (por Julián Álvarez González Neuropsicólogo)

publicado a la‎(s)‎ 15 feb. 2013 8:52 por Administradora del aula

Extracto del artículo elaborado por Julián Álvarez González Neuropsicólogo de la Residencia EL PORTILLO. (Diario de León - TRIBUNA)

En el mundo son ya más de 30 millones las personas afectadas por el mal del olvido. En Europa es una prioridad sanitaria, siendo uno de los grandes retos de los Sistemas de Salud en los próximos años. En España se calcula que existan unos 800.000 pacientes y se estima que en unos 20 años se doblará la cifra. Cerca de un 50% de las personas mayores de 85 años y la mayor parte de ellas que se encuentran en Residencias Psicogeriátricas, padecen de esta dolencia. El promedio de edad de diagnóstico está ahora en 73 años. Es tan relevante esta enfermedad en la actualidad, que de no descubrir tratamientos eficaces en los próximos años, adquirirá proporciones epidémicas a mediados de este siglo.

Es una enfermedad cruel para el que la sufre, pero también para todos los familiares y amigos que ven como esta empieza por robar los recuerdos del ser querido y acaba por robarle la identidad.
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Los profesionales de la salud que trabajamos habitualmente con pacientes con demencia tipo alzhéimer o similares desde hace muchos años, constatamos el siguiente postulado extraído de la observación clínica diaria, en el que el objetivo principal del tratamiento consiste en lograr interrumpir el proceso en la fase inicial de la enfermedad en los pacientes de leve a moderado deterioro cognitivo e incluso en los casos ya avanzados retrasar y detener la progresión de la dolencia; para ello, han de aplicarse los tratamientos farmacológicos más adecuados con la finalidad de modificar la enfermedad y así frenar el proceso de muerte neuronal. Los efectos de los fármacos existentes actualmente son mínimos y no se prevé una cura a largo plazo de esta dolencia.

Las terapias no farmacológicas (TNF), sin embargo, mejoran de forma relevante las vidas de los afectados de esta dolencia, siendo más eficaces que los fármacos actuales. Las TNF tienen un abanico muy amplio de efectos clínicos positivos, toda vez que aumentan la calidad de vida de estos enfermos. Así, mejoran la cognición, la conducta o el estado de ánimo y reducen la carga de los cuidadores además de reducir el coste económico de los cuidados. Es una evidencia científica que los programas de estimulación cognitiva así como la psicoterapia (cognitivo-conductual) en estos enfermos producen beneficios más amplios y completos que los medicamentos.

El tratamiento de las personas afectadas por la enfermedad de alzhéimer, de acuerdo con las pautas mencionadas, nos ha permitido ralentizar y en muchos casos detener el progreso de la enfermedad, mejorar sus capacidades cognitivas y conductuales, conseguir un entorno protésico y terapéutico efectivo y aportar a los pacientes la seguridad que necesitan, tanto física como psicológica y social, devolviéndoles así a una vida más productiva, armónica y feliz.

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